La mirada velada: Ewa Juszkiewicz y la subversión del retrato clásico en el Thyssen

¿Es posible amar la tradición y, al mismo tiempo, dinamitar sus cimientos? Esta parece ser la tensión fundamental que atraviesa la obra de la artista polaca Ewa Juszkiewicz, protagonista de la nueva exposición monográfica que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta del 26 de mayo al 6 de septiembre de 2026. Enmarcada dentro del programa de exposiciones en torno a la colección de Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, esta muestra nos invita a reconsiderar no solo lo que vemos, sino lo que la historia del arte ha decidido ocultar o estandarizar bajo el peso de sus propios cánones.

Desde la redacción de Arte.news, recibimos esta propuesta como una oportunidad para debatir sobre la vigencia de los géneros históricos en la pintura contemporánea. Juszkiewicz (Gdańsk, 1984) no rechaza el pasado; al contrario, se sumerge en él con una técnica pictórica minuciosa que emula a los grandes maestros. Sin embargo, su aproximación es profundamente subversiva: la artista se apropia de los códigos visuales del retrato clásico europeo para cuestionar radicalmente cómo se ha representado la belleza femenina a lo largo de los siglos. Allí donde la tradición buscaba el rostro idealizado y complaciente, Juszkiewicz introduce la anomalía, el ocultamiento y la transformación, obligando al espectador a confrontar una identidad femenina que se niega a ser mero objeto de contemplación pasiva.

La exposición plantea un juego de espejos fascinante e inquietante. A través de la deconstrucción de la imagen canónica, la artista recontextualiza el género del retrato, abriendo nuevas y múltiples lecturas desde una mirada rabiosamente contemporánea. Sus lienzos son trampas visuales: seducen con la familiaridad de sus ropajes y composiciones para, acto seguido, desafiar nuestra percepción con rostros cubiertos por vendajes, vegetación exuberante o deformaciones surrealistas. Este gesto, audazmente transgresor, no solo critica la rigidez de los roles de género históricos, sino que también libera a sus protagonistas de la carga de ser «bellas» según las normas dictadas por una mirada masculina secular.

En un momento donde la revisión de la historia del arte es más necesaria que nunca, la llegada de Juszkiewicz al Thyssen supone un punto de inflexión en el diálogo entre la colección privada y el discurso público del museo. Su obra nos recuerda que el pasado no es un archivo cerrado, sino un territorio en disputa, listo para ser reescrito —y repintado— con la fuerza del presente.

Arte