Luminosidad y materia: Carmen Laffón y la poética de la repetición en el Thyssen

Hay artistas que viajan para encontrar nuevos mundos y otros que, como Carmen Laffón, viajan hacia adentro para descubrir que un mismo objeto contiene infinitos universos. Este verano, el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza se inunda de la luz del sur con la inauguración, el próximo 23 de junio, de Carmen Laffón. Temas y variaciones, una gran exposición que rinde tributo a una de las figuras esenciales del realismo español contemporáneo. Hasta el 27 de septiembre de 2026, las salas del museo acogerán un recorrido por el personalísimo imaginario de la pintora y escultora sevillana (1934-2021), bajo el comisariado de Paula Luengo.

Desde Arte.news, celebramos la pertinencia de este proyecto, que evita la tentación de la retrospectiva lineal para centrarse en un aspecto mucho más revelador del proceso creativo de Laffón: la obsesión por la variacion. A lo largo de sus más de sesenta años de carrera, desarrollada entre la vitalidad urbana de Madrid y Sevilla y la quietud luminosa de Sanlúcar de Barrameda, la artista volvió una y otra vez sobre los mismos motivos. La exposición, compuesta por cerca de ochenta obras que incluyen óleos, pasteles, carboncillos y esculturas, nos invita a entender estas repeticiones no como una falta de temas, sino como una investigación profunda sobre la esencia de las cosas y el paso del tiempo. En su etapa de madurez, estas variaciones cristalizaron en series modernas que dialogan con la abstracción sin perder nunca el ancla figurativa.

El montaje se articula a través de los géneros clásicos que Laffón dominó con maestría —la figura, el bodegón y el paisaje—, pero es en su iconografía particular donde reside el verdadero hallazgo emocional de la muestra. Cestas de mimbre, armarios que guardan memorias, las vides que conectan con la tierra, la blancura cegadora de la cal y la geometría orgánica de las minas de sal configuran un vocabulario visual inconfundible. Resulta especialmente interesante observar cómo, a partir de mediados de la década de 1990, su investigación pictórica se expandió hacia la escultura, otorgando una nueva presencia física a esos objetos que antes solo habitaban el lienzo.

Esta exposición nos plantea una pregunta fundamental sobre la mirada contemporánea: ¿tenemos la paciencia necesaria para observar, como hizo Laffón, cómo cambia la luz sobre un mismo paisaje o un objeto cotidiano? Su obra, cargada de una materialidad vibrante y un silencio elocuente, nos recuerda que la innovación artística a veces no reside en cambiar de tema, sino en mirar con mayor profundidad lo que tenemos delante. Es, sin duda, una oportunidad imprescindible para reencontrarse con una artista que supo capturar el alma de los lugares y los objetos con una sensibilidad estremecedora.

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