El escultor Patxi Xabier Lezama presentará su obra Etxekoandre en la 26.ª Feria Internacional de Arte de Venecia, del 4 al 20 de diciembre de 2026, con una propuesta que explora el papel de la mujer en la tradición vasca, la memoria familiar y la identidad de Euskal Herria.
La cultura vasca viajará a Venecia de la mano de Patxi Xabier Lezama. El escultor presentará Etxekoandre en la 26.ª Feria Internacional de Arte de Venecia, que se celebrará del 4 al 20 de diciembre de 2026 en el Palazzo Albrizzi-Capello, un histórico edificio veneciano del siglo XVI. La obra propone una reflexión sobre la centralidad de la mujer en la sociedad tradicional vasca y sobre el papel que ha desempeñado en la transmisión de la memoria, las costumbres y el patrimonio cultural.
Bajo el título de Etxekoandre, término euskérico que puede traducirse como «señora de la casa», Lezama recupera una figura esencial del universo simbólico vasco. Más allá de su relación con las tareas domésticas, la etxekoandre representa la continuidad del hogar como espacio de pertenencia, el vínculo entre generaciones y la preservación de una identidad colectiva que ha encontrado en la casa —la etxe— uno de sus principales referentes.
La presencia de la obra en Venecia sitúa esta reflexión en un escenario internacional y abre una ventana para acercar al público europeo las particularidades de una tradición cultural profundamente vinculada a la familia, el territorio y la memoria.
La mujer, el hogar y las raíces de Euskal Herria
La propuesta de Lezama invita a explorar una de las cuestiones más singulares de la cultura vasca: la relevancia histórica y simbólica de la mujer en la organización de la vida familiar y en la continuidad de las tradiciones. La figura de la etxekoandre adquiere así una dimensión que trasciende el ámbito privado y conecta con la estructura social y cultural de Euskal Herria.
La historia del llamado matriarcado vasco ha suscitado interpretaciones antropológicas y debates sobre el lugar de las mujeres en las sociedades tradicionales. Conviene distinguir, no obstante, entre la importancia social de las mujeres en el ámbito familiar y la existencia de un sistema político o jurídico gobernado por ellas. La obra se adentra en ese imaginario cultural para reivindicar el valor de las mujeres como custodias de la memoria, transmisoras de conocimientos y protagonistas de la continuidad de la comunidad.
En esta lectura, el hogar no constituye únicamente un espacio físico. Es también un lugar de encuentro entre los vivos y los antepasados, entre la experiencia cotidiana y la herencia recibida. La casa se convierte en símbolo de arraigo y continuidad, una idea que encuentra resonancias en los estudios sobre la cultura tradicional vasca del antropólogo José Miguel de Barandiarán y en las reflexiones del filósofo Andrés Ortiz-Osés sobre el universo simbólico de la sociedad vasca.
Una escultura que convierte el cuerpo en arquitectura
La imagen de Etxekoandre concentra buena parte de la fuerza conceptual de la obra. La figura femenina aparece con los brazos extendidos, en una postura que evoca protección, acogida y apertura. Su anatomía se integra en una compleja estructura ornamental en la que los motivos entrelazados y las referencias a los oficios tradicionales dialogan con una arquitectura en miniatura.
En el interior de esta construcción escultórica se despliega un universo doméstico poblado de pequeñas escenas, estancias, escaleras y figuras humanas. El espacio parece brotar del propio cuerpo de la mujer, como si la casa, la comunidad y la memoria colectiva formasen parte de una misma entidad.
Esta composición convierte la escultura en una metáfora visual del papel atribuido a la etxekoandre: sostener la vida cotidiana, preservar los vínculos familiares y transmitir un legado que no pertenece exclusivamente a una generación. La ornamentación adquiere así un significado narrativo, mientras que la arquitectura interior transforma la pieza en una representación tridimensional de la cultura doméstica vasca.
La obra también establece un diálogo entre la dimensión individual y la colectiva. El rostro sereno de la figura contrasta con la riqueza de los detalles que se despliegan a su alrededor, reforzando la idea de una identidad personal inseparable de la comunidad y de las historias que la preceden.
De Mari a Etxekoandre: dos dimensiones de lo femenino
Dentro del universo creativo de Lezama, la figura de la etxekoandre puede leerse en relación con otros símbolos de la mitología vasca, especialmente Mari, una de sus figuras más representativas.
Si Mari se vincula con las fuerzas de la naturaleza, las montañas y el imaginario mítico del territorio, Etxekoandre dirige la mirada hacia el espacio humano: la casa, la familia y la transmisión cultural. Ambas figuras permiten explorar dimensiones complementarias de la relación entre las mujeres, la naturaleza y la identidad vasca, aunque proceden de ámbitos simbólicos distintos.
Esta conexión contribuye a situar la nueva escultura dentro de un proyecto artístico que busca reinterpretar las raíces culturales desde un lenguaje contemporáneo. En lugar de reproducir de manera literal el pasado, Lezama recurre a los símbolos, las formas y la memoria para construir una propuesta visual capaz de dialogar con públicos de diferentes procedencias.
El resultado es una obra que invita a contemplar la tradición no como un vestigio inmóvil, sino como un patrimonio vivo, susceptible de nuevas lecturas y reinterpretaciones.
Un recorrido internacional para la escultura vasca
La cita veneciana se enmarca en la trayectoria internacional que Patxi Xabier Lezama viene desarrollando mediante exposiciones y proyectos vinculados a la difusión del imaginario cultural vasco.
Entre los hitos señalados en su recorrido figuran la proyección de la figura mitológica de Mari en las pantallas de Times Square, en Nueva York; la presentación de Amalur en Le Carrousel du Louvre, en París; y su participación en Red Dot Miami, feria integrada en la programación de la Semana del Arte de Miami. A estas experiencias se suman otras participaciones expositivas en Nueva York, como New York Exhibition Open Art, ArtExpo New York y Spanish Benevolent Society Gallery.
Este itinerario refleja una línea de trabajo que busca ampliar la visibilidad de la escultura vasca contemporánea y trasladar sus referencias culturales a escenarios internacionales. La presencia en Venecia ofrece una nueva oportunidad para situar los símbolos de Euskal Herria en un contexto de intercambio artístico y cultural.
La internacionalización de estas propuestas permite, además, abordar una cuestión cada vez más relevante en el panorama artístico: cómo construir un lenguaje universal sin renunciar a la singularidad de las raíces propias. En el caso de Lezama, la respuesta se articula a través de la mitología, la memoria colectiva y las formas que identifican la tradición vasca.
Venecia como escenario para la memoria de un pueblo
La presentación de Etxekoandre en el Palazzo Albrizzi-Capello aspira a convertir la figura de la señora de la casa en un punto de partida para reflexionar sobre la relación entre cultura, género e identidad. La escultura no se limita a representar a una mujer: construye a su alrededor un universo en el que convergen los oficios, la arquitectura doméstica, los vínculos familiares y la transmisión del patrimonio.
En ese sentido, la obra invita a reconsiderar el significado del hogar como centro de la vida comunitaria y como espacio en el que las tradiciones adquieren continuidad. La etxekoandre aparece como una figura que conecta pasado y presente, memoria y creación, experiencia cotidiana y herencia cultural.
Con su llegada a Venecia, Patxi Xabier Lezama proyecta una visión de Euskal Herria en la que la identidad se expresa mediante símbolos capaces de trascender las fronteras geográficas. Etxekoandre convierte la historia íntima de la casa en una reflexión sobre la memoria colectiva y reivindica el papel de las mujeres en la conservación de las tradiciones.
Del 4 al 20 de diciembre de 2026, Venecia será el escenario de este encuentro entre la escultura contemporánea y el patrimonio simbólico vasco: una invitación a descubrir, a través de la figura femenina, la historia de una comunidad y los vínculos que mantienen viva su identidad.