
25 obras de Vermeer.
Manuel García Montoya (1938-2009) fue un pintor madrileño con una obra muy prolífica. Esta se interrumpió en cierto momento de su vida para comenzar este proyecto tan personal e ilusionante para él. Este no era otro que reproducir sus 25 obras favoritas del pintor que más impronta le había dejado: Johannes Vermeer.
Vermeer, el llamado “maestro de la luz”, es considerado por los expertos como la gran figura del siglo XVII holandés. Un autor que destaca por la temática , la fuerza de sus composiciones y los colores, claros y brillantes. Por esto, Vermeer es, sin duda, uno de los pintores neerlandeses más famosos y admirados de la historia del arte.
En la pintura de Montoya hay rasgos inequívocos de la gran admiración que sintió por Johannes Vermeer. Atraído por la paz y la luz de su pintura, por placer íntimo y casi como un juego, realizó una primera copia. El sentimiento que experimentó le impulsó a seguir con otras copias, y durante años, alternando con sus propios trabajos, llegó a reunir hasta catorce réplicas del maestro holandés, que cuidadosamente envueltas le acompañaban en sus desplazamientos. Nunca se separaba de ellas.
El único canal de contacto disponible es la web oficial de la colección, donde se pueden encontrar detalles y fichas sobre las reproducciones y los originales. También solicitar información adicional sobre la venta, conservación y exposición de los cuadros.
Johannes Vermeer (Delft, 1632-1675) dejó a su muerte un catálogo de apenas una treintena de obras conocidas, una cifra extraordinariamente reducida si se compara con la de otros grandes maestros de su época, lo que ha convertido cada uno de sus cuadros en objeto de estudio minucioso y en pieza codiciada por los grandes museos del mundo. Su técnica, caracterizada por el uso de la cámara oscura para estudiar el efecto de la luz natural sobre los interiores domésticos, y por una paleta dominada por los azules de lapislázuli y los amarillos, sitúa a Vermeer como el máximo exponente de la llamada Edad de Oro de la pintura holandesa, junto a Rembrandt y Frans Hals.
La práctica de copiar a los grandes maestros como ejercicio de aprendizaje y como forma de diálogo íntimo con la tradición pictórica tiene una larga historia en la formación de los pintores, desde las academias clásicas hasta artistas del siglo XX como Francis Bacon o Picasso, que reinterpretaron sistemáticamente obras de Velázquez o Delacroix. El caso de Manuel García Montoya resulta sin embargo singular por su carácter estrictamente personal y no profesional: catorce réplicas acumuladas a lo largo de años, alternadas con su propia producción y conservadas como compañía constante en sus desplazamientos, hablan de una relación con la obra de Vermeer más cercana a la devoción privada que al ejercicio académico, y es precisamente ese carácter íntimo el que convierte esta colección en un testimonio singular dentro del fenómeno, mucho más amplio, de la copia como homenaje a los grandes maestros de la historia del arte. Ese vínculo tan personal explica también que, más allá de su valor como ejercicio pictórico, la colección reunida por Montoya se conserve hoy como un conjunto unitario, documentado y catalogado, en lugar de haberse dispersado como simples estudios de taller.