Prudencio Irazabal: la claridad y lo incierto

Prudencio Irazabal: la claridad y lo incierto

La exposición La claridad y lo incierto reúne los últimos trabajos del artista alavés Prudencio Irazabal, en la que es ya su cuarta exposición en la Galería Helga de Alvear.

Si en la serie de pinturas tituladas genéricamente Cromatomía (1993 – 1998), el artista destejía un color en sus posibles componentes individuales, ahora es el espectro de la luz lo que se toma como objeto de estudio y disección en un intento imposible de emular la mezcla aditiva de los colores-luz por medio de colores-pigmento.
El artista nos presenta un grupo de obras que sigue la línea de experimentación con los componentes básicos de la pintura: el color, la estructura y el material. Elementos siempre presentes en su producción y que en esta serie se modelan para trabajar y experimentar con la luz. Una luz materializada por medio del color.
Irazabal propone como referencia y punto de partida para sus nuevos estudios la afirmación “Claritas is Quidditas”, tomada de la obra de James Joyce Retrato
del artista adolescente. La claridad es el quid, la esencia, la naturaleza inteligible de las cosas.

Así, la claridad, la luz, modelan las composiciones sobre el lienzo. Una claridad teñida y dinámica que el artista consigue no tanto por medio del gradiente de luz cuanto por la formulación exacta del color. Esto le permite utilizar el espectro de la luz como una categoría cromática, como una herramienta transformadora del material y de la forma.
La técnica utilizada por Prudencio Irazabal precisa de una metódica preparación de los colores. Estos se aplican sobre el lienzo por medio de finas capas de resinas acrílicas superpuestas que actúan como vehículo perfecto para la plasmación de la luz.

La claridad de estas obras reside en su propio carácter conjetural, inacabado, siempre abierto a aceptar una capa más. Consciente de que la claridad no puede despejar la niebla de la incertidumbre, la exposición articula la imbricación entre dos ideas -la claridad y lo incierto-, que reclaman ser entendidas como una sola.

Prudencio Irazabal (Vitoria-Gasteiz, 1954) forma parte de una generación de pintores abstractos españoles que, desde los años ochenta, ha explorado el color y la materia pictórica como territorio de investigación autónomo, al margen de cualquier referencia figurativa, en la estela de la abstracción cromática americana de posguerra representada por autores como Mark Rothko o Barnett Newman. Su trayectoria, con presencia habitual en ferias internacionales y colecciones de museos españoles, ha girado de forma constante en torno a series de largo recorrido —como la propia Cromatomía, desarrollada durante media década— en las que el artista somete un mismo problema pictórico a variaciones sucesivas hasta agotar sus posibilidades formales.

La Galería Helga de Alvear, fundada en Madrid por la galerista y coleccionista alemana del mismo nombre —hoy también responsable del museo homónimo en Cáceres, uno de los depósitos de arte contemporáneo más importantes de España—, ha representado a Irazabal de forma continuada a lo largo de varias décadas, convirtiendo estas exposiciones periódicas en Madrid en una cita habitual para seguir la evolución de su trabajo. La cita del escritor irlandés James Joyce que da pie conceptual a esta serie, tomada de su novela de formación Retrato del artista adolescente, conecta además la investigación pictórica de Irazabal sobre la luz y el color con una tradición estética que, desde el modernismo literario de comienzos del siglo XX, ha situado la «claridad» —en el sentido escolástico de quidditas o esencia de las cosas— como categoría central de la experiencia artística.