El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza abre un nuevo capítulo en su investigación técnica con un montaje especial dedicado a En la sombrerería (1882), uno de los pasteles más tempranos de Edgar Degas, expuesto desde el 17 de noviembre de 2025 al 1 de marzo de 2026 en la sala 33. Gracias al apoyo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, el equipo de Restauración del museo ha emprendido un estudio minucioso que permite comprender no solo los materiales y procedimientos del artista, sino también la fragilidad extrema de una técnica que Degas convirtió en territorio de experimentación y maestría. Desde Arte.news creemos que esta aproximación científica ofrece una lectura renovada del artista, mucho más cercana a su proceso diario de trabajo y a la delicada construcción de la imagen.
El pastel del Thyssen pertenece a un conjunto de obras que Degas dedicó a las sombrererías —un total de veintisiete piezas, en su mayoría pasteles, realizadas principalmente a partir de la década de 1890— y que revelan su interés por las escenas cotidianas, tan vinculadas a los ritmos urbanos de la modernidad parisina. Este ejemplar, uno de los más tempranos, emerge aquí como un territorio privilegiado para observar cómo el pintor concebía la composición desde su esqueleto inicial hasta su acabado final. La reflectografía infrarroja muestra una obra prácticamente cerrada desde el primer diseño: apenas unos ajustes intencionados en la manga, el soporte del sombrero o la mano enguantada, pequeñas vacilaciones que, lejos de ser correcciones, forman parte del movimiento vivo del proceso creativo. La radiografía confirma la buena salud material del conjunto, revelando incluso la presencia inesperada de partículas opacas en el cartón —como un botón o pequeñas puntas— que hablan de la materialidad humilde y cotidiana de los soportes que Degas utilizaba.

La investigación sobre la técnica del pastel, un territorio que Degas exploró con creciente obstinación desde 1870, aporta algunas de las claves más significativas de este estudio. Su método, basado en la superposición de capas de color aplicadas con una precisión casi coreográfica, exigía fijar cada estrato para evitar su mezcla o desprendimiento. El hallazgo más sugerente de la investigación apunta a la composición de ese fijativo, un producto que debía cumplir los deseos del artista: no alterar los tonos, evitar brillos y conservar el acabado mate que caracteriza su obra. Una micromuestra extraída de la superficie de En la sombrerería ha revelado la presencia de una proteína que podría corresponder al fijativo elaborado por Luigi Chialiva, pintor, arquitecto y químico amigo de Degas. La localización de una patente presentada en 1899 en Estados Unidos, firmada por Chialiva y Jules Dupont, refuerza esta hipótesis: el documento describe una fórmula basada en caseína disuelta en agua saturada con bórax y mezclada con alcohol —un fijador neutro, ligero, de secado rápido y capaz de preservar el color sin alteraciones. Desde Arte.news vemos en este descubrimiento algo más que una cuestión técnica: una ventana al laboratorio íntimo del artista, a su obsesión por controlar la materia sin traicionar la vibración tonal que perseguía.

El estudio confirma además que Degas trabajaba sobre un papel apoyado en un soporte de cartón rígido, sin adherirlo al anverso, fijado únicamente mediante tiras engomadas en el reverso. Esta libertad estructural, sorprendentemente estable a pesar del tiempo, se integra en la propia definición de sus pasteles: obras suspendidas entre la inmediatez del gesto y la vulnerabilidad de la materia. La superposición de capas, los difuminados, las líneas que emergen y se hunden en la superficie componen un relieve invisible al ojo del espectador, pero determinante para comprender la densidad física de la imagen.
Consideramos que esta presentación del Thyssen, más que un estudio técnico, es una invitación a repensar la obra de Degas desde su estructura interna. El pastel, lejos de ser un mero ejercicio cromático, se revela como un medio exigente, casi alquímico, donde la sensibilidad del artista dependía de la interacción exacta entre pigmento, soporte y fijador. En un momento en que la conservación de los pasteles se vuelve un desafío crucial para los museos, esta investigación no solo contribuye al futuro de En la sombrerería, sino que arroja luz sobre uno de los procesos creativos más complejos del impresionismo. Lo que emerge es una imagen más humana de Degas: la del experimentador incansable, el químico intuitivo, el observador obsesivo que buscaba capturar la vida cotidiana con una técnica tan frágil como los instantes que deseaba retener.