El Museo del Louvre articula su programa expositivo del primer semestre de 2026 como un recorrido denso y ambicioso por las grandes preguntas que atraviesan la historia del arte occidental: la representación del cuerpo, la persistencia de las imágenes, la relación entre materia y espíritu, y la capacidad del patrimonio para dialogar con los desafíos contemporáneos. Lejos de una programación fragmentaria, el calendario propone una constelación de exposiciones que se leen mejor como un conjunto coherente que como episodios aislados.
Desde Arte.news, interpretamos esta propuesta como una reafirmación del Louvre no solo como museo de obras maestras, sino como laboratorio de pensamiento histórico. Las exposiciones del semestre establecen un diálogo constante entre la Edad Media, el Renacimiento y la modernidad temprana, subrayando continuidades, filiaciones y reapropiaciones que cuestionan las divisiones cronológicas rígidas.
Uno de los ejes más claros del programa es el cuerpo como lugar de sentido. La exposición Michel-Ange / Rodin. Corps vivants plantea un diálogo inédito entre dos figuras fundamentales de la escultura occidental, separadas por siglos pero unidas por una misma ambición: hacer visible la energía interior del cuerpo humano. Más que una comparación estilística, la muestra interroga el gesto, el non finito, la relación con la Antigüedad y la idea del cuerpo como envoltura del alma. Para Arte.news, esta confrontación subraya cómo la escultura ha funcionado históricamente como un espacio de experimentación radical, capaz de anticipar rupturas que marcarían el arte del siglo XX.

Ese interés por la corporeidad encuentra un contrapunto significativo en Martin Schongauer. Le Bel Immortel, una exposición que devuelve al centro del relato a una figura clave del final de la Edad Media, a menudo relegada a círculos especializados. A través de un conjunto excepcional de pinturas, dibujos y, sobre todo, estampas, el Louvre reivindica a Schongauer como un artista cuya influencia visual atravesó fronteras geográficas y temporales. La noción de inmortalidad que articula la muestra no se apoya en la biografía, escasamente documentada, sino en la extraordinaria difusión de sus imágenes y en su capacidad para modelar la cultura visual europea durante más de dos siglos.

La permanencia de las imágenes es, precisamente, otro de los grandes temas del semestre. Exposiciones como Dessins des Carrache. La Galerie Farnèse à Paris o la presentación excepcional del Triptyque de Moulins de Jean Hey ponen el acento en los procesos de transmisión, copia, restauración y reinterpretación. En ambos casos, el dibujo y la investigación técnica ocupan un lugar central, recordando que la historia del arte se construye tanto a partir de obras icónicas como de los gestos, estudios y decisiones materiales que las hicieron posibles.
La restauración del Tríptico de Moulins, en particular, se presenta no solo como un acontecimiento patrimonial, sino como una oportunidad para replantear el conocimiento de la pintura francesa en el tránsito entre los siglos XV y XVI. Para Arte.news, este tipo de proyectos evidencian el papel del museo como productor activo de saber, donde la conservación y la investigación generan nuevas lecturas del pasado.
El programa se abre también a una reflexión explícita sobre la relación entre arte, naturaleza y responsabilidad contemporánea con L’Eau primordiale. Leçons de Mésopotamie. Integrada de manera innovadora en las salas permanentes del departamento de Antigüedades orientales, la exposición aborda el agua como elemento fundacional de civilización, fuente de vida y de conflicto. Al situar las prácticas hidráulicas de la antigua Mesopotamia en diálogo con las crisis ecológicas actuales, el Louvre introduce una dimensión ética y política que amplía el alcance tradicional de la arqueología museística.
En conjunto, el primer semestre de 2026 dibuja un Louvre atento a la larga duración, a las genealogías visuales y a las resonancias contemporáneas del pasado. No se trata únicamente de mostrar obras excepcionales, sino de activar preguntas sobre cómo se construyen las formas, cómo circulan las imágenes y qué responsabilidades implica hoy custodiar un patrimonio común. En ese equilibrio entre erudición, investigación y apertura crítica reside la fuerza de un programa que invita a mirar la historia del arte no como un archivo cerrado, sino como un campo vivo de interpretación.