Mientras el invierno londinense se asienta sobre Berkeley Square, el mercado del arte parece decidido a invocar un cambio de estación prematuro y vibrante. Phillips ha dado el pistoletazo de salida al 2026 con sus ventas de «Ediciones de Enero», una cita que, más allá de la mera transacción comercial, se perfila como un termómetro crucial para medir la salud del coleccionismo de obra gráfica y múltiple en este nuevo año. Desde la redacción de Arte.news, observamos con interés cómo la casa de subastas ha orquestado un diálogo visual que transita sin complejos desde la experimentación tecnológica del siglo XXI hasta la maestría artesanal del modernismo clásico.
La pieza central de esta subasta, que tendrá lugar en vivo entre el 22 y el 24 de enero, es sin duda The Arrival of Spring in Woldgate, East Yorkshire in 2011 (twenty eleven) – 26 April, 2011 de David Hockney. Con una estimación de entre 120.000 y 180.000 libras, esta obra no solo destaca por su luminosidad, sino por lo que representa: la legitimación definitiva del iPad como herramienta pictórica de primer orden. Acompañada por otros seis dibujos digitales del artista, esta selección nos obliga a preguntarnos si la distinción entre el «original» único y la edición digital ha dejado de ser relevante para un mercado que valora, ante todo, la inmediatez del gesto del artista. ¿Es la pantalla el nuevo lienzo sagrado o simplemente una evolución natural de la gráfica contemporánea?

Sin embargo, Phillips acierta al equilibrar esta modernidad líquida con el peso de la historia. La subasta presenta una selección distinguida de diecinueve obras de Pablo Picasso, creando un contrapunto fascinante con la propuesta de Hockney. Entre ellas, el linograbado de 1962 Portrait de Jacqueline au chapeau de paille —estimado entre 100.000 y 150.000 libras— y el enigmático aguafuerte temprano Le repas frugal demuestran la amplitud del legado del malagueño. Al confrontar estas piezas, surge un debate interesante sobre la materialidad: frente a la superficie lisa y retroiluminada de Hockney, la textura física del linograbado y la mordida del ácido en el metal de Picasso nos recuerdan que la edición es, también, un arte de la resistencia física y el proceso manual.
El recorrido por la oferta de Phillips se completa con iconos del Pop y la posguerra que rara vez faltan en estas citas, pero cuya presencia sigue siendo un valor refugio. Desde la realeza pop de Andy Warhol, representada por su Queen Elizabeth II (1985), hasta las siluetas inconfundibles de Keith Haring, la subasta reafirma la vigencia de estos nombres. Mención aparte merece la inclusión de ediciones de Gerhard Richter, oportunamente programadas para coincidir con su gran retrospectiva en París, y un raro conjunto de aguafuertes de Louise Bourgeois, que aportan una nota de introspección psicológica necesaria entre tanto color. Además, la estrategia de la casa se expande hacia lo digital con su primera subasta exclusivamente online de «Ediciones Contemporáneas» (del 20 al 29 de enero), presentando nombres como Christopher Wool y Damien Hirst, un movimiento que Robert Kennan, jefe de Ediciones en Europa, describe como una respuesta directa a la demanda de los clientes y a la innovación en el campo.

Para el coleccionista o el mero aficionado, la exposición pública en el número 30 de Berkeley Square, abierta hasta el 24 de enero, se presenta como una oportunidad ineludible para examinar de cerca estas tensiones entre lo clásico y lo digital. En un momento donde el arte se consume cada vez más rápido, detenerse ante la meticulosidad de una edición bien ejecutada —sea en papel o en pantalla— sigue siendo un acto de resistencia cultural.