EL ESTRUENDO DEL SILENCIO: HAMMERSHØI Y LA POÉTICA DE LA AUSENCIA EN EL THYSSEN

En un mundo saturado de ruido visual y digital, ¿somos aún capaces de «escuchar» una pintura? Esta es la premisa, casi desafiante, con la que el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza inaugura hoy su temporada expositiva. Bajo el título «Hammershøi. El ojo que escucha», la institución madrileña presenta la primera gran retrospectiva en España dedicada al maestro danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916).

Desde Arte.news, celebramos la llegada de esta muestra que, del 17 de febrero al 31 de mayo de 2026, nos invita a detener el tiempo. Sin embargo, no podemos evitar preguntarnos: ¿Por qué ahora? ¿Qué tiene la austeridad nórdica de finales del XIX que resuena con tanta fuerza en la sensibilidad contemporánea?

Tarde en la sala de estar. La madre
y la mujer del artista,
1891.
National Gallery of Denmark,
Copenhague. Statens Museum for
Kunst (SMK).

Resulta paradójico pensar que Hammershøi, considerado uno de los artistas daneses más destacados de su tiempo, cayera progresivamente en el olvido tras la irrupción de las vanguardias. Su obra, silenciosa y estática, no encajaba con el frenesí de los «ismos» del siglo XX. No fue hasta la década de 1980 cuando las exposiciones internacionales comenzaron a rescatarlo para un público que, en el caso de España, apenas había tenido oportunidades de contemplarlo.

Esta exposición, comisariada por Clara Marcellán, reúne noventa óleos y dibujos, ofreciendo una visión completa de un pintor de producción limitada (apenas creó 400 piezas en sus 51 años de vida). La muestra viajará posteriormente a la Kunsthaus Zürich, lo que subraya la relevancia europea de este proyecto.

El subtítulo de la muestra, «el ojo que escucha», no es un mero adorno retórico. Remite a la relación metafórica entre la pintura, el silencio y el profundo interés del artista por la música. Al recorrer las salas, el espectador se enfrenta a sus famosos interiores: habitaciones vacías o habitadas por figuras femeninas, a menudo de espaldas.

El violonchelista. Retrato de Henry
Bramsen
, 1893. Kunstmuseum
Brandts, Odense

Es aquí donde surge el debate crítico: ¿Son estos espacios refugios de paz o cárceles de melancolía? Hammershøi confesó en 1907 que encontraba «mucha belleza» en un cuarto vacío, «quizás precisamente cuando no había nadie». En obras como Rayos de sol o Motas de polvo bailando en los rayos de sol (1900), la luz se convierte en la única protagonista narrativa, proyectándose sobre el suelo en una danza casi espectral.

La exposición acierta al no limitar a Hammershøi a sus interiores domésticos. Nos permite explorar sus paisajes y vistas urbanas, tratados con la misma «soledad» que sus habitaciones. Sus visiones de Copenhague o Londres, desiertas y brumosas, conectan con el simbolismo de contemporáneos como Fernand Khnopff, y nos obligan a cuestionar la realidad de la vida urbana moderna.

Además, la muestra contextualiza su obra poniéndola en diálogo con maestros del pasado. Ver sus cuadros en el Thyssen permite trazar líneas directas con los holandeses del siglo XVII y con el esteticismo de figuras como Whistler, demostrando que su aparente aislamiento nórdico era, en realidad, un diálogo sofisticado con la tradición europea.

La ambigüedad de sus cuadros mantiene abiertas múltiples vías de interpretación. ¿Es Ida Ilsted, su mujer y musa constante, una presencia reconfortante o una figura atrapada en el tiempo? ¿Es la «depuración» de sus interiores un acto estético o existencial?

Interior, mujer vista de espaldas,
hacia 1904. Randers Kunstmuseum

Desde Arte.news, consideramos que esta exposición es una cita ineludible, no solo por la calidad pictórica, sino por el desafío que plantea a nuestra capacidad de atención. En los últimos años de su vida, Hammershøi se autorretrató mirando fijamente al espectador. Ahora, es nuestro turno de devolverle la mirada y, sobre todo, de aguzar el oído ante su silencio.

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