El marco ha sido, históricamente, el dispositivo que legitima la pintura, la frontera que separa el arte de la vida, lo sagrado de lo profano. Sin embargo, ¿qué sucede cuando la obra decide habitar precisamente ese límite, cuestionando las jerarquías que lo sostienen? Esta es la interrogante que plantea el museo con la inauguración, este 23 de febrero, de Dentro y fuera del marco, la novena entrega del programa Kora. Bajo el comisariado de Rocío de la Villa, esta iniciativa anual, que revisa la creación artística desde una perspectiva de género, centra su mirada en esta ocasión en la artista Irma Álvarez-Laviada (Gijón, 1978), ofreciendo una selección de más de treinta piezas realizadas en la última década que dialogan, no sin cierta tensión productiva, con las pinturas de la colección permanente.
Desde la redacción de Arte.news, observamos con interés cómo la propuesta de Álvarez-Laviada se aleja de la retrospectiva convencional para plantear un ensayo visual sobre la materialidad y la exclusión. Sus creaciones se sitúan en un «espacio intermedio», operando tanto dentro como fuera del marco físico y conceptual. Al utilizar materiales industriales destinados originalmente a usos prácticos, la artista asturiana lanza una crítica sutil pero contundente a la tradición moderna del arte occidental. Nos invita a reflexionar sobre esas dicotomías que han vertebrado la historia del arte: la distancia entre lo puro y lo decorativo, o la fricción entre la experiencia estética genuina y los intereses económicos e ideológicos que a menudo la subyacen. ¿Es posible hoy en día sostener la autonomía del arte, o es necesario, como sugiere la artista, evidenciar las costuras de su manufactura?

Fundación Caja Extremadura. Foto: Jaime Olmedo. Cortesía Fundación RAC. © Irma Álvarez-Laviada
La exposición resulta especialmente pertinente al abordar la abstracción geométrica —un terreno históricamente dominado por figuras masculinas y discursos de absolutez— desde una perspectiva de género renovadora. Álvarez-Laviada no se limita a ocupar el espacio, sino que deconstruye los atributos binarios que han cimentado los estereotipos de lo masculino y lo femenino. A través de procesos regidos por la repetición y la diferencia, la artista cuestiona oposiciones clásicas como lo vertical frente a lo horizontal, lo duro frente a lo blando, lo esencial contra lo subsidiario, o lo elevado frente a lo compartido. En sus manos, lo lleno y lo vacío dejan de ser conceptos antagónicos para convertirse en herramientas de un mismo lenguaje que busca reescribir la tradición desde sus propios márgenes.
Esta muestra, que podrá visitarse hasta el próximo 3 de mayo, se perfila no solo como una revisión de la trayectoria reciente de Álvarez-Laviada, sino como un ejercicio de agudeza crítica necesario en la programación museística actual. Al poner sus piezas en relación con los fondos del museo, se activa una conversación entre el pasado y el presente que nos obliga a preguntarnos quién ha definido, hasta ahora, lo que merece estar dentro del marco y lo que debe permanecer fuera. Es, en definitiva, una invitación a mirar no solo la obra, sino la estructura misma que la contiene.