
La directora del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, MUNCYT, de A Coruña, Marián del Egido ha inaugurado hoy la exposición “Leonardo Torres Quevedo, la conquista del aire” junto al comisario de la misma y profesor titular de Historia de la Ciencia en la Universidad Complutense de Madrid, Don Francisco González Redondo.
La muestra está producida por la Asociación «Amigos de la Cultura Científica» y detalla las tres vías mediante las cuales este ingeniero e inventor español conquistó los aires.
Torres Quevedo fue caracterizado en 1930 por Maurice D’Ocagne (Presidente de la Sociedad Matemática Francesa) como “el más prodigioso inventor de su tiempo”. El visitante podrá conocer en esta muestra cómo conquistó los aires con sus transbordadores aéreos: el del Monte Ulía (San Sebastián, 1907), el primer teleférico para personas abierto al público en el mundo, y el del Niágara (Canadá, 1916), que lleva funcionando ininterrumpidamente cien años sin haber tenido ningún accidente. También con su Telekino (1902), con el que estableció los fundamentos operacionales del control remoto sin cables moderno, convirtiéndose en el precedente de los actuales drones.
Y, finalmente, su sistema de dirigibles autorrígidos (1902-1906), consagrados durante la I Guerra Mundial, y con los que estableció los fundamentos de gran parte de la aerostación dirigida hasta el presente. Torres Quevedo ocupa un lugar excepcional en la historia universal de la ciencia y de la técnica, con numerosos inventos y patentes que se anticiparon a su tiempo en áreas como la informática o la inteligencia artificial El Muncyt ha desarrollado una serie de talleres gratuitos los sábados a las 17:30 horas para grupos escolares y familias con niños y niñas de 6 a 12 años en los que podrán convertirse en ingenieros de transportes, fabricando con sencillos materiales, transbordadores, barcos autopropulsados o coches con motor de aire.
Leonardo Torres Quevedo (Santa Cruz de Iguña, Cantabria, 1852 – Madrid, 1936) es considerado una de las figuras más relevantes de la ingeniería española de todos los tiempos, comparable en proyección internacional a inventores contemporáneos suyos como Alexander Graham Bell o Nikola Tesla, aunque su nombre resulte hoy menos conocido fuera de los círculos especializados. Además de sus transbordadores aéreos y su sistema de control remoto, Torres Quevedo pasó a la historia de la computación por su Ajedrecista, un autómata electromecánico presentado en 1912 capaz de jugar y ganar finales de ajedrez de forma autónoma frente a un jugador humano, considerado por muchos historiadores de la técnica como uno de los primeros ejemplos documentados de inteligencia artificial aplicada.
El teleférico del Salto del Niágara, mencionado en la muestra por su siglo de funcionamiento ininterrumpido, sigue operativo hoy en día suspendido sobre el remolino que se forma bajo las cataratas, y constituye probablemente la obra de ingeniería civil más visitada y fotografiada del inventor cántabro, mucho más conocida internacionalmente que su propio nombre. El MUNCYT, museo estatal dedicado a preservar y divulgar el patrimonio científico y tecnológico español con sedes en A Coruña y Alcobendas, encuentra en la figura de Torres Quevedo uno de sus relatos fundacionales más potentes, al reunir en una sola trayectoria biográfica la aeronáutica, la robótica temprana y las telecomunicaciones, tres campos que normalmente se presentan de forma separada en la divulgación científica.