El musée d’Orsay abre en enero de 2026 las celebraciones de su 40.º aniversario con un gesto que va más allá de la conmemoración: convertir su arquitectura histórica en un organismo vivo. Quelques secondes d’éternité. Architectures vivantes es un espectáculo inmersivo de gran formato que tendrá lugar los días 24 y 25 de enero de 2026, en la Nef del musée d’Orsay, y que propone una experiencia sensorial situada en la intersección entre arte, ciencia y arquitectura.
Lejos de la lógica expositiva tradicional, el proyecto se articula como una performance audiovisual y musical basada en video mapping monumental, concebida específicamente para el espacio de la antigua estación. El público, dispuesto en el suelo o en asientos, contempla cómo la bóveda, el tímpano y la gran cristalera del museo se transforman en superficies sensibles, recorridas por imágenes microscópicas de arquitecturas celulares en movimiento. Desde Arte.news, entendemos este gesto como una declaración de principios: el museo no se limita a conservar el pasado, sino que se deja atravesar por las dinámicas del presente.
La narración corre a cargo de Judith Chemla, que encarna a una célula viajera, guardiana de una memoria que atraviesa escalas y tiempos. A su alrededor, el edificio parece respirar. La nef se vuelve membrana, los filamentos celulares devienen constelaciones y la piedra recuerda su origen como materia viva. La música, interpretada por el Traffic Quintet y músicos invitados bajo la dirección de Solrey, acompaña esta metamorfosis con una partitura compuesta a partir de obras de Alexandre Desplat, Philippe Hersant y Kaija Saariaho, entre otros. El resultado es una composición orgánica, rítmica, marcada por pulsaciones, silencios y expansiones.
Uno de los aspectos más singulares del proyecto es su fundamento científico. Las imágenes proyectadas proceden de investigaciones reales en biología celular desarrolladas por quince investigadoras e investigadores del CEA y del CNRS, bajo la dirección científica de Manuel Théry. Más de mil horas de laboratorio han dado lugar a una serie de experimentos concebidos expresamente para el musée d’Orsay, filmados mediante dispositivos microfluídicos y pensados en diálogo directo con la arquitectura del lugar. De este trabajo se seleccionaron veinticinco experiencias, posteriormente traducidas a un lenguaje visual, sonoro y dramaturgo.
Para Arte.news, esta colaboración no es un simple cruce disciplinar, sino una auténtica hibridación de metodologías. Las imágenes funcionan como una interfaz entre ciencia y público, invitando a cada espectador a adoptar una mirada investigadora. Al hacer visible lo invisible, el museo se transforma en un laboratorio poético y plantea una analogía poderosa entre las arquitecturas del vivant y las arquitecturas culturales: ambas existen porque se transforman.
El proyecto se inscribe, además, en una tradición histórica que conecta directamente con el siglo XIX. Fue entonces cuando los avances científicos y tecnológicos, impulsados por el positivismo y las exposiciones universales, alimentaron un nuevo imaginario visual que influyó en artistas como Odilon Redon o Vincent van Gogh. Desde su creación, el musée d’Orsay ha reivindicado esa vocación interdisciplinar, y en su 40.º aniversario la prolonga mediante una obra que rinde homenaje tanto a la fotografía científica como a los orígenes de la imagen en movimiento que desembocarían en el cine.
Quelques secondes d’éternité. Architectures vivantes plantea, en último término, una pregunta central: ¿qué hace un museo con el tiempo? Y, en paralelo, ¿qué puede aprender del mundo vivo? La performance invita a repensar la relación entre conservación y renovación, entre herencia y energía vital. La eternidad ya no aparece como una promesa de inmovilidad, sino como un proceso de transmisión, de circulación de formas, sonidos y saberes. En ese gesto reside, probablemente, su mayor potencia crítica y poética.