Tate Britain anuncia un acontecimiento de enorme relevancia para la historia del arte británico: la primera presentación pública —gratuita y de larga duración— del autorretrato recientemente adquirido de William Dobson, considerado el primer gran pintor nacido en Inglaterra. La obra, realizada entre 1635 y 1640, no solo constituye uno de los autorretratos más tempranos y radicales del barroco inglés, sino que además vuelve a colgar, por primera vez desde mediados del siglo XX, junto al retrato de la esposa del artista, una pintura concebida en paralelo y que forma con él un díptico íntimo, casi doméstico, que permite asomarse al núcleo emocional de la vida de Dobson. Desde Arte.news creemos que esta reunión, cuidadosamente presentada en las salas de la colección permanente, ilumina un capítulo crucial de la identidad visual británica antes de que la retórica cortesana de la Restauración terminara por dominarla.

Portrait of the Artist’s Wife
c.1635-40 -Image courtesy of Tate
El autorretrato recién adquirido revela a un Dobson joven, con el pelo revuelto, la mirada melancólica y una presencia casi bohemia. En un siglo dominado por la elegancia calculada y la teatralidad de los retratos oficiales, este gesto resulta sorprendentemente moderno: el artista emplea una pincelada espesa, directa, que renuncia al decoro para apostar por algo más íntimo y honesto. A escasos metros cuelga el retrato de Judith, su segunda esposa, datado también entre 1635 y 1640, una obra de igual formato que parece concebida como compañera inevitable del autorretrato. Ella, con la mirada firmemente dirigida hacia su marido, aparece no solo como modelo, sino como interlocutora; una presencia que da forma al espacio emocional desde el que Dobson trabaja. Desde Arte.news vemos en este reencuentro una oportunidad extraordinaria para reconsiderar cómo los afectos, los vínculos y la vida personal de los artistas del XVII pueden reconfigurar la lectura histórica de sus obras.
Ambas pinturas se exhiben ahora en una sala dedicada al periodo de la Guerra Civil inglesa y la Restauración, un contexto convulso que transformó radicalmente el ecosistema artístico del país. Compañeros de pared como Peter Lely y Godfrey Kneller permiten comprender el amplio espectro estilístico y político de la época, desde la sofisticación cortesana hasta la experimentación silenciosa que caracteriza a Dobson. Su ascenso al cargo de pintor oficial de Carlos I, y su posterior caída en desgracia, ilustran con claridad la fragilidad de la posición del artista en tiempos de inestabilidad. La muerte prematura de Dobson, a los 35 años, añadió una dimensión trágica a una carrera que prometía redefinir la pintura británica.
La adquisición conjunta por parte de Tate y la National Portrait Gallery subraya la relevancia patrimonial del autorretrato. La operación fue posible gracias al apoyo extraordinario del National Lottery Heritage Fund, junto con el respaldo fundamental de Art Fund, la Deborah Loeb Brice Foundation, y otras instituciones y mecenas privados. Tras su exhibición en Londres hasta finales de 2026, la obra viajará en una gira nacional, una iniciativa que, a nuestro entender, amplifica su valor público y reafirma el compromiso de ambas instituciones con la accesibilidad y la difusión del patrimonio artístico. En 2028, el cuadro regresará a la capital para integrarse en las salas renovadas de la National Portrait Gallery, donde encontrará un nuevo contexto interpretativo.
Para Arte.news, esta presentación no es únicamente un retorno físico de dos lienzos separados durante décadas; es también la restitución de un diálogo artístico y afectivo cuya lectura trasciende el siglo XVII. Dobson emerge, así, no solo como un maestro precoz, sino como una figura capaz de interpelar a un público contemporáneo que busca en el retrato —y en quienes lo practican— una profundidad capaz de sobrevivir al tiempo.