Retrato de Emilia Pardo Bazán, obra de Gustav Wertheimer, expuesto en el Museo Cerralbo

El Museo Cerralbo estrena un retrato de Emilia Pardo Bazán

El Museo Cerralbo, de titularidad estatal y dependiente del Ministerio de Cultura, incorpora desde hoy una nueva pieza a su programa «Obra de Paso»: un retrato de la escritora gallega Emilia Pardo Bazán, obra del pintor austríaco Gustav Wertheimer (Viena, 1847 – París, 1902), realizado en 1887.

La obra procede de la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, en A Coruña, y se expone en el Recibimiento de Verano del museo madrileño, en el piso entresuelo, del 8 de septiembre de 2026 al 10 de enero de 2027.

El préstamo, comisariado por Ester de Frutos González, refuerza el diálogo entre casas-museo españolas y propone nuevas lecturas sobre coleccionismo, patrimonio y memoria en clave femenina, poniendo en relación dos instituciones dedicadas a preservar el legado de figuras culturales del siglo XIX.

La exposición está organizada por el Museo Cerralbo y la Fundación Museo Cerralbo, con la colaboración de la Casa-Museo Emilia Pardo Bazán, y el acceso está incluido en la entrada general al museo.

Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1851 – Madrid, 1921), condesa de Pardo Bazán, fue una de las grandes novelistas del naturalismo español y la primera mujer en ocupar una cátedra universitaria en España, además de presidir la Sección de Literatura del Ateneo de Madrid en un momento en que ambos hitos resultaban excepcionales para una mujer de su época. Su retrato por el pintor austríaco Gustav Wertheimer, especializado en retratos de la alta sociedad europea de finales del siglo XIX, fue realizado en 1887, año en que la escritora ya había publicado obras de referencia como Los pazos de Ulloa (1886), y la representa en la plenitud de su reconocimiento como intelectual pública, en un periodo en que compaginaba su producción literaria con una intensa actividad periodística y de defensa de los derechos de las mujeres.

El programa «Obra de Paso» del Museo Cerralbo, dedicado a incorporar temporalmente piezas procedentes de otras colecciones que dialoguen con el propio palacio-museo del marqués de Cerralbo, permite en este caso poner en relación dos instituciones museísticas de perfil similar —ambas antiguas residencias privadas convertidas en museos estatales dedicados a preservar la memoria de sus propietarios originales—, aunque protagonizadas por figuras muy distintas: el aristócrata coleccionista Cerralbo, por un lado, y la escritora e intelectual Pardo Bazán, por otro, cuya casa natal coruñesa conserva hoy buena parte de su biblioteca y objetos personales.

El propio Museo Cerralbo, instalado desde 1893 en el palacio que el XVII marqués de Cerralbo mandó construir como residencia y museo de su colección personal de pintura, escultura y artes decorativas, se ha convertido en las últimas décadas en una de las llamadas casas-museo de referencia en Madrid, un formato museístico que conserva no solo las obras de arte sino también la disposición original de los espacios domésticos, ofreciendo al visitante una experiencia muy distinta de la de un museo de colección convencional. Que su programa temporal incorpore ahora una figura como Pardo Bazán, ajena por completo al círculo aristocrático y coleccionista del marqués, amplía el propio relato del museo hacia otras formas de protagonismo cultural femenino del siglo XIX español.

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